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La brecha y la huella Persona, autoría y memoria frente a la innovación

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La brecha y la huella
Persona, autoría y memoria frente a la innovación(*)

por: Karina Vanesa Salierno (**)

 

Un rabino de Praga encuentra, combinando letras, el Nombre capaz de dar vida a un muñeco de barro. La criatura nace pero no comprende, imita con torpeza y mira a su creador sin entenderlo. Al final, el rabino se pregunta por qué agregó un símbolo más al mundo.

Inspirado en el poema de Borges, “El Golem” (poema de El otro, el mismo, 1964).

I. Introducción: cuando el nombre llega antes que la cosa

El 29 de septiembre pasado, una orden ejecutiva firmada por el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, declaró inaugurada “la era de la superinteligencia”, hubo un acuerdo con los máximos responsables de las principales empresas del sector y, días antes, un entendimiento con China; sin embargo, faltaba apenas un detalle… nadie sabía todavía qué era, con precisión, la superinteligencia.

La anécdota podría archivarse como una curiosidad de la política estadounidense pero, al recorrer las colaboraciones que integran este número, advertimos que condensa la pregunta que todas, desde ángulos muy distintos, se formulan: ¿qué ocurre en el espacio que se abre entre la apariencia y la sustancia, entre el nombre y la definición, entre el texto fluido y el razonamiento propio, entre la marca técnica y la autoría, entre el proyecto entusiasta y la empresa capaz de sostenerlo, entre la innovación de un equipo y la memoria de la institución? Ese espacio tiene dos rostros y de ellos toma su título esta cápsula: la brecha es la distancia que abre o deja al descubierto la tecnología y la huella es lo que queda embebido, la señal de que alguien o algo estuvo allí. Lo que este número sostiene, con una coherencia editorial que el lector irá descubriendo página tras página, es que ninguna brecha se cierra solo con más tecnología e innovación y que ninguna huella reemplaza a la persona humana que debe responder.

II. Nombrar

Abre el recorrido la cápsula comentario de Patricio Moyano Peña: “La superinteligencia llegó antes que su definición. ¿Amanecer u ocaso de una nueva era?”. El autor recorre la Orden Ejecutiva 14434, el “Acuerdo de la Casa Blanca sobre Superinteligencia” (compromisos voluntarios, sin sanciones ante el incumplimiento), la investigación abierta por la Comisión Federal de Comercio y el diálogo bilateral con Xi Jinping, para abrir la reflexión sobre cómo un término sin definición propia pasó a habitar tres instrumentos de enorme peso político. Advierte que para que la superinteligencia no sea un simple cambio de denominación ni un concepto aspiracional, su definición legal deberá decir algo distinto de la que hoy rige para la inteligencia artificial (IA) y diferenciarse con claridad de la inteligencia artificial general. Harán falta, además, parámetros objetivos de medición y la conversión de los compromisos voluntarios en reglas exigibles. Nombrar, leído en esa clave, ya es un acto normativo; ahora bien, un nombre sin contenido, objetivos ni fronteras puede convertirse en un poder ilimitado.

III. Verificar y responder

Si el nombre puede adelantarse a la cosa, también el texto puede adelantarse al pensamiento. Romina Dalila Aparicio parte de un caso que ya es un clásico de las alucinaciones de los modelos de lenguaje. En Mata v. Avianca (2023), dos abogados con años de matrícula presentaron seis precedentes inventados por un modelo de lenguaje, con jueces, citas y expedientes ficticios. Si eso les ocurre a profesionales, se pregunta la autora, ¿qué está pasando en las aulas de Derecho? Su “Propuesta de un modelo de responsabilidad en capas para garantizar la integridad académica” nombra dos fenómenos interesantes: la ilusión de competencia (el escrito impecable que oculta la ausencia de razonamiento propio) y la verificación en cascada, por la cual un dato falso puede atravesar sin obstáculos al es-
tudiante, la corrección y el repositorio institucional.

La autora afirma que la respuesta no consiste en elegir culpables, sino en distribuir deberes: honestidad procesal y humildad epistémica en el estudiante; evaluaciones que vuelvan a medir el proceso en la cátedra; y políticas claras y capacitación sistemática en la institución. En definitiva, ninguna capa, sola, cubre lo que las otras dejan al descubierto.

El trabajo cierra con una pregunta que interpela a toda la comunidad académica y que fue parte también de los intensos debates de las últimas Jornadas Nacionales de Derecho Civil: ¿qué clase de abogado se está formando si esta tensión queda sin resolver en el ámbito universitario?

Valeria Zapata aborda la otra cara del problema desde el análisis de la normativa europea de IA en Trazabilidad del texto generado con IA y autoría intelectual en la evaluación universitaria. Desde el 2 de agosto de 2026, el artículo 50 del Reglamento Europeo de Inteligencia Ar-
tificial (AI Act) exige el marcado técnico del contenido sintético; el anuncio de Anthropic del 14 de agosto sobre la incorporación de marcas estadísticas en los textos de Claude volvió tangible una discusión hasta entonces confinada a los laboratorios de IA.

La autora explica cómo “habita” en las palabras de un texto generado por IA una señal artificial e indica la diferencia conceptual entre categorías como procedencia, autoría, uso de herramientas e infracción. En este escenario destaca que la huella acredita que un sistema intervino pero no dice quién pensó, quién eligió las fuentes ni quién responde por lo firmado. Con apoyo en Kant, en la distinción de Spaemann entre “algo” y “alguien” y en el magisterio social de Laborem exercens a Magnifica Humanitas, Zapata concluye con una afirmación que merece citarse: “La era del texto artificial anónimo empieza a cerrarse, mientras la era del detector infalible nunca comenzó”.

Un detalle no menor que une ambos trabajos es que en una nota preliminar declaran qué herramientas de IA utilizaron y para qué tareas y, con ello, efectivizan el principio de transparencia que proponen en los documentos académicos. Esta es quizás la mejor prueba de la honestidad intelectual y de que la integridad no exige nunca renunciar a la tecnología, sino hacerse cargo de ella.

IV. Sostener

Santiago Miguel Villa confirma que la huella no es solo un problema de la academia, sino que se encuentra también en el corazón mismo del ecosistema emprendedor y le da nombre propio en su aporte denominado “De proyecto a empresa. La brecha de gestión como problema crítico en emprendimientos tecnológicos y organizaciones innovadoras”.

Su tesis es tan clara que seguramente incomodará a alguna organización: numerosos proyectos no fracasan por falta de valor técnico sino por una profesionalización tardía. El autor lo resume con una frase que todo abogado de empresa reconocerá: “nada une tanto a los socios como una oportunidad incipiente, y nada los separa tan rápido como un documento que nunca se firmó a tiempo” … llegan tarde a ordenar derechos, documentar lo obvio, distinguir evidencia de deseo y elegir capital. El trabajo avanza también sobre un modelo de ocho dimensiones, una escala de niveles de madurez, una matriz de diagnóstico y una ruta de profesionalización en 90 días, y nos deja una
imagen que podría servir de epígrafe a todo el número: “el fuego inicial importa, pero el fuego, si no encuentra estructura, también quema”.

Esa misma preocupación por lo que perdura inspira la nueva columna que inauguran Matilde Pérez y Patricio Moyano Peña en “Innovación legal en el sector público. Conocer el presente para aprender el mañana”. Los autores advierten que buena parte de lo aprendido en la innovación pública permanece en las personas y se pierde cuando los equipos se reorganizan o las autoridades cambian; el Mapa de Diseño Público en América Latina, que relevó 311 proyectos en 20 países, identifica precisamente la rotación política como uno de los principales riesgos para su continuidad.

La columna se propone construir una memoria de la innovación pública, narrada por sus protagonistas, con sus logros y también con sus límites. Es, a la vez, una convocatoria abierta a quienes tengan una experiencia que contar, y esta apertura refleja un lema que ya es un clásico de nuestros números: la innovación requiere la escucha de todas las voces y una construcción colaborativa, por ello, le damos la bienvenida a este nuevo espacio tan necesario en épocas de egoísmo epistémico.

Un ejemplo elocuente de esa clase de experiencias llega en estas mismas páginas de manos del Dr. Julio Conte-Grand, procurador general ante la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de Buenos Aires, que presenta en Innovación en la gestión judicial la reestructuración del Ministerio Público bonaerense y la creación de la Secretaría de Innovación y Experiencia Digital, en el marco del Gobierno Inteligente y de los principios del gobierno abierto. Ese trabajo acaba de recibir el Premio Quorum 2026 a la Innovación en la Gestión Judicial, entregado
el 6 de octubre en la Facultad de Derecho de la UBA y recibido por Patricio Moyano Peña, miembro de nuestro Consejo de Redacción. Celebramos la distinción y remarcamos lo más valioso de su texto: con raíz en el pensamiento clásico, el autor recuerda que quien ejerce la autoridad es aquel que tiene a su cargo el cuidado de la comunidad, y que la innovación no es solo un cambio tecnológico, sino una acción cuya razón de ser es la persona y su dignidad.

V. Custodiar

Si hubiera que buscar el suelo común sobre el que se apoyan todas estas reflexiones y aportes, María Rosario Polotto lo ofrece en Custodiar el corazón y trabajar juntos, su comentario a la homilía pronunciada por León XIV el 8 de octubre, en la inauguración del año académico de las universidades pontificias. Allí el Pontífice describe un “síndrome de Babel”; la idolatría del lucro, la uniformidad que aplana las diferencias y “la pretensión de un lenguaje único, incluso digital, capaz de traducirlo todo, incluso el misterio de la persona, en datos y rendimientos”. Frente a esa tentación propone el “camino de Nehemías”; edificar juntos, hacer de la escucha y del diálogo el terreno común, y cultivar una verdadera higiene de la atención. Este aporte, sin duda, ilumina todo el número; Babel es el nombre sin definición, el detector que pretende dictar veredictos, la métrica que confunde extensión con pensamiento; Nehemías es la responsabilidad repartida en capas, la estructura que le da forma al fuego, la memoria que sobrevive a la rotación de los equipos y la autoridad entendida como cuidado.

VI. Una invitación a seguir leyendo

Este número ofrece respuestas abiertas y eso es parte de su mérito porque deja preguntas que el lector llevará consigo ¿quién responde cuando el texto lo redactó una máquina, el proyecto no tiene dueño y el término no tiene definición? ¿Cuánto de lo que hoy innovamos sobrevivirá a quienes lo impulsaron? Parecería que algunas de estas respuestas ya tienen fecha, la orden ejecutiva que inauguró la era de la superinteligencia dio 60 días para redactar el proyecto de ley que habrá de definirla; el plazo vence a fines de noviembre: tic, tac… para entonces sabremos si el nombre encontró finalmente su cosa, mientras tanto, la nueva columna espera sus próximas experiencias, y las
aulas, sus nuevas reglas.

Este suplemento seguirá, sin duda, muy de cerca cada uno de esos frentes abiertos, pero, por ahora, la invitación es a recorrer estas páginas con la misma higiene de la atención que ellas reclaman porque, al fin y al cabo, la huella que más importa sigue siendo la de quien lee, escucha, piensa, firma y responde. ¡Buena lectura!

(*) Este trabajo se inscribe en el marco del Programa IUS de Investigación Jurídica Aplicada que lidera el profesor doctor Jorge Luis Laferriere, más específicamente en el proyecto titulado: “la enseñanza del derecho y su rol transformador en la profesión del abogado digital
del siglo xxi. La inteligencia artificial en la enseñanza del derecho del siglo xxi” que dirigen los Dres. Emiliano Carlos Lamanna Guiñazú y
Carlos Alberto Fossaceca junto con un grupo destacado de juristas que los acompañan.

(**) Abogada y notaria. Doctoranda en Ciencias Jurídicas. Magíster en Gobernanza Ética de la IA (Universidad de Salamanca); Magíster en Derecho de Familia (Universidad de Barcelona, UB). Posgraduada en Infancia y Adolescencia (Universidad de Salamanca); Posgraduada en Derecho de Familia, Niñez y Adolescencia (UBA), en Derecho e Inteligencia Artificial por la (UBA) y en el Sistema Universal y Europeo de protección de Derechos Humanos (Fundación René Cassin). Secretaria General del Consejo Académico de la UNA. Coordinadora del Área Académica de Grooming Argentina y de Grooming LATAM. Miembro de AJUFRA (Asociación de Juristas de Familia de la República Argentina). Docente e investigadora, autora de libros y artículos de doctrina, ponente y expositora.

Año LXV OCTUBRE DE 2026 – NÚMERO 33. DERECHO, INNOVACIÓN & DESARROLLO SUSTENTABLE. REVISTA DE DOCTRINA Y JURISPRUDENCIA. Cita Digital: ED-VI-CDXIV-164.

 

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